• Atilio Flores

«El padre»: la ausencia en la presencia

Actualizado: sep 13

Por: Atilio Flores

Calificación: 5/5

«El padre» narra la historia de Anthony (Anthony Hopkins), un hombre de 83 años con demencia senil, y su hija Anne (Olivia Colman), quien trata la forma de que su padre esté lo mejor posible en su lucha por la pérdida de la memoria. Esta situación obliga a su hija a buscar a alguien que pueda ayudarle con el cuido de su salud; no obstante, el temperamento del padre no es el más fácil de tratar.


El planteamiento con que juega «El padre» no es complejo de entender; sin embargo, la línea narrativa de esta ópera prima del director francés Florian Zeller zambulle al espectador en una introspección única de un thriller psicológico y a la vez dramático que mantiene a todos atentos de principio a fin.


La semiótica que se impregna en el diseño de producción y los simbolismos con que se arriesga vuelven el filme una suculenta expresión de intimidad, de detalles, y solo aquellos que están absortos en el delirio de Anthony pueden cuestionarse qué es lo que realmente ocurre.

«El padre» esboza una incisión a la fragilidad de la mente humana, que se absorbe en lo que guarda la personalidad junto a los miedos, a las memorias, a los sentimientos que nos van construyendo y deconstruyendo en el proceso de crecer y envejecer, y que llevan a comprender a las personas que padecen procesos de pérdida de memoria.


Anthony Hopkins y Olivia Colman nos brindan una magistral representación de dos roles que marcan cargar la cruz de un padecimiento crónico-degenerativo: aquellos que sufren en carne propia la enfermedad y aquellos que tienen que acompañar el sufrimiento. Más allá de la victimización de sus personajes, en torno a la tolerancia de ese rol recíproco en donde se trata la forma de mitigar el dolor, la ausencia en la presencia se vuelve el hilo conductor de la historia.


Hopkins sin duda atrapa con su personaje, y no es para menos que le haya arrebatado el posible Óscar póstumo a Chadwick Boseman como mejor actor por este papel. Hopkins nos hace vivir en primera persona esa confusión, incertidumbre y pesadumbre de un mundo que se derrumba a cada paso y que nos obliga a resignarnos a ser nosotros mismos los que deseamos que esto se detenga.


«El padre» despierta también otra curiosidad interesante: la de querer verla puesta en escena. No solo cómo juega con la narrativa visual en torno a los tiempos en que nos presenta la historia, sino también en el hecho de que esta representa un guion adaptado de una obra teatral sin renunciar a su esencia teatrera, la cual es considerada como una de las más impresionantes en la última década, escrita por el mismo director, algo que le valió agenciarse el Óscar en esa categoría.


La mística que encierra «El padre» es la de superar el melodrama y darnos un golpe real por lo que muestran sus personajes. Otorga una construcción bastante humana, evitando recurrir a las lágrimas fáciles o a apelar a un sentimentalismo.

El laberinto en que nos encierra nos obliga a empatizar inmediatamente con la etapa senil, en aquella que más que ser una carga para los seres que amamos representa un latir de la esencia con que nos entregamos al amor en vida.


*Publicado por el autor en «La Claqueta» el sábado de 19 de junio de 2021 para Diario El Salvador.

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