• Atilio Flores

Con amor a Vincent


Por: Atilio Flores

Calificación: 4/5


Como apasionado del cine y principiante del arte, analizar la grandeza de Loving Vincent es categorizarla como una oda a la intimidad de un personaje que, como todos, plaga y se atormenta de los demonios que habitan en nosotros.


“Con amor, Vincent”, marca un precedente en la animación y en la historia del cine. Una técnica pintada totalmente como un homenaje al arte, especialmente, a Vincent Van Gogh, quien en toda su vida buscó ser comprendido y encontrar un lugar en el mundo.

Describir lo minucioso de este arte y el de los artistas que compusieron está obra maestra —una pintura en movimiento— es una completa revelación en la que los lienzos se mezclan con la melancolía que deja tras de sí; una fragmentación de una época en la que la cinta revive el arte del postimpresionismo.

Desechar la idea de que un filme de animación es sinónimo de “para niños” también es una desvinculación con la idea central, ya que “Loving Vincent” es una película biográfica que retrata la historia entorno a las causas de la muerte del pintor holandés Vincent Van Gogh y cómo su vida marcó un antes y un después con las personas que le conocieron, así como también para la pintura.

La música compuesta por Clint Mansell es una estampa a un viaje a la grandeza, a lo pictórico de la Francia de Vincent, la que le vio sumergirse en la depresión y el cariño que trataba de manifestar en sus pinturas. Su composición lírica plasma algo heroico con ínfulas de nostalgia que confabulado con la técnica narrativa hacen que verla en pantalla grande, evoque un sentimiento de amor por el arte y de comprensión hacía Vincent. Mansell se impone a un nivel clásico de la misma. Música contemplativa que vale la pena escuchar para reflexionar la vida.


Es aquí donde la idea central de construir está semblanza de Van Gogh, adquiere el significado de lo importante que puede ser una persona en la vida de los demás. Dorota Kobiela y Hugh Welchman, directores y escritores de la cinta, retoman el uso de la técnica narrativa de la “caja china” para dar como resultado uno de los biopics más originales de la historia del cine al ser recreado cada fotograma en óleo y con el estilo característico con que Vincent pintaba.

Sin embargo, está técnica narrativa de la “caja china” en la que la historia nos va sumergiendo a través de las anécdotas contadas por las personas que le conocieron, se vuelve un poco densa para su desarrollo; pese a ello, la intriga sobre la muerte del pintor hace que se mantenga constante su discurso mediante el personaje de Armand, quién debe de entregar la última carta que Vincent le escribió a su amigo, su hermano, Theo.


Armand se vuelve los ojos de todos nosotros, quienes al igual que él sólo hemos escuchado ciertas cosas de Vincent, pero que no sabemos más allá de los mitos que encierran al pintor, como el haberse cercenado su oreja y de habérsela entregado a una prostituta con quién tenía un vínculo especial; o evocar a su estilo característico al pintar a sus coetáneos y paisajes.


Nosotros como Armand, tenemos la tarea de descubrir quién era realmente Van Gogh en su esplendor y, mientras vamos construyendo el rompecabezas de su vida, aprendemos simultáneamente a encariñarnos del personaje, quien con sus múltiples facetas logra que comprendamos que ser grande no es sinónimo de dejar de ser humanos.

Vincent Van Gogh, quien irónicamente  no vendió más que un solo cuadro en toda su prolífica carrera como pintor, cultivó al mismo tiempo la escritura a través de sus cartas, las cuales constituyen otro legado del artista en la compresión de su naturaleza tímida y de apego que le envolvían, acabando con su vida en 1890. Este biopic en definitiva es un monumento en movimiento a su memoria artística. Algo que la Academia debió de reconocer, por marcar algo peculiar en la historia del cine del siglo XXI. Esperemos que el tiempo se lo dé.


"Sueño con pintar y luego pinto mis sueños…"

Vincent Van Gogh


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