• Atilio Flores

Bitácora del 06 de abril de 1917


Por: Atilio Flores

Calificación: 5/5


Pocas películas de guerra nos sitúan en contextos altamente tensos sin recurrir a una violencia extrema y adentrarnos a la psiquis de los personajes que nos presentan. Quizás el elemento más reciente sea “Dunkerke” de Christopher Nolan (2017) y en cierto grado “Jojo Rabbit” de Taika Waititi (2019). 1917, del británico Sam Mendes, retrata la crudeza de la guerra llevada al límite de la paranoia de caer en manos del enemigo cuando lo que se busca realmente es cesar la lucha inconsistente de los francos beligerantes.

El filme gira en torno a dos jóvenes soldados británicos quienes tienen la tarea de entregar un mensaje que cancele un ataque condenado al fracaso poco después de la retirada alemana a la Línea Hindenburg durante la Operación Alberich en 1917. Este mensaje es especialmente importante para uno de los jóvenes soldados ya que su hermano participará en el ataque que deben de cancelar.


Cualquiera que ve los primeros minutos del filme podría argumentar que la premisa es sencilla, y que difícilmente en dos horas se pueda sustentar un hecho que transcurre en menos de un día. Sin embargo, aquí se comprueba que en cuestión de horas la vida de muchas personas pueden cambiar radicalmente, haciéndonos valorar el motivo esencial de nuestra existencia.

El peso del filme recae sin duda sobre sus actores George MacKay y Dean-Charles Chapman, como los soldados William Schofield y Tom Blake respectivamente, quienes nos sumergen en una historia de amistad y lealtad de dos soldados que deben de emprender la odisea de ser los portadores de tal mensaje. Actores que, pese a que no son muy conocidos, logran hacernos encariñar con la valentía de los personajes que interpretan y que incluso, los pequeños cameos que realizan los actores Collin Firth, Benedict Cumberbacht y Mark Strong se vuelven innecesarios.


Sam Mendes retoma una idea muy parecida a la que utilizó Alfonso Cuarón con “Roma”, en el sentido de darle originalidad al filme. Cuarón plasmó una composición perfecta en la fotografía a blanco y negro establecida mediante solo planos generales en la historia. Aquí Mendes demuestra su genialidad con un aparente y eterno plano secuencia en toda la cinta que sumerge a vivenciar el recorrido de sus protagonistas, sumado a la intrépida idea de grabar solo en exteriores con una fotografía impresionante a cargo de Roger Deakins.


Mendes logra acorralarnos a un drama épico en el que vamos sufriendo las interioridades de sus personajes convenciéndonos que la guerra es un fatídico desgaste emocional, haciéndonos experimentar la agonía de regresar a casa y abrazar a los seres que amamos.

Sin embargo, hay algo en el planteamiento de este filme que lo vuelve poco amigable de entender, más allá de lo sentimentalmente expuesto, y es el no darnos el contexto en el que se desarrolla, del por qué sus personajes están ahí y sufren la guerra o qué la originó, algo que difícilmente contextualizará una persona promedio si ni recuerda los hechos que originaron un evento más reciente como la Segunda Guerra Mundial.

Pese a ello, este mismo elemento le otorga una significación universal que la hace trascender del espacio tiempo al ir retratando las vivencias que sufrieron los soldados frente a la guerra; factores que la impregnan al reflejar la crudeza que cualquier país en guerra ha sufrido.


Hay que destacar también que pocas películas se suman a mostrar el conflicto acaecido en la Primera Guerra Mundial, que inició en 1914 y concluyó en 1919 generando la reestructuración geopolítica actual de Europa. Aunque si bien, “1917”, siempre otorga la visión anglosajona y su parte en el juego de los roles beligerantes, hace un buen preludio de la situación enferma y deprimente que pudieron haber vivido la armada durante el combate.


El guión creado por Mendes muestra tan solo una de las historias contadas por su abuelo paterno, Alfred Mendes, quien participó en la Primera Guerra Mundial. Aquí es de retomar el valor intrínseco que nos deja el cine al poder llevar estas historias que, al igual que los libros o las extintas crónicas periodísticas de los diarios, deben de rescatar la memoria histórica, el porqué de nuestra situación actual en la vida y cuan significativo puede ser el no repetir los errores de nuestros antepasados.


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